Prueba táctica #1: Contestar siempre. El comienzo de la aventura

Carente de una pantalla de inicio donde pulsar "play" o un manual donde la menos se me explicase para qué servía cada botón, desconociendo la existencia de trucos o posibles fallos que pudieran perjudicarme o beneficiarme, me embarqué en esta aventura a ciegas. A ciegas por lo que pudiera pasar, pero con una amplia experiencia en el terreno debido a otras aventuras "conversacionales" a las que me había enfrentado en el pasado. Habiéndome visto salir victoriosamente desastrada de todas ellas, no pude aferrarme más que a mi determinación.

Ese día mencionado clave para el inicio de la aventura, el 13 de abril de 2018, compartí en mis redes sociales la siguiente fotografía con su correspondiente descripción:


Era importante dejar las cosas claras y avisar, que quien avisa no es traidor, y no sería la primera vez que algún espécimen especialmente sensible se ha dirigido a mí sorprendentemente ofendido por exposiciones de sus propios desechos en cristaleras que les resultaban molestas. De este modo, ahí quedaba presente mi salvoconducto por si las moscas. Recibí mucho apoyo ante mi iniciativa, tanto de hombres como mujeres, seres de buena masa encefálica... pero son los deformes de cráneo, comportamiento y educación los que se analizan por estos lares.

La respuesta no tardó en aparecer. Ese mismo día ya tenía un espécimen que se había querido acercar al comedero que había preparado para tentarles, imitando las zonas de "caza" a las que suelen acudir. La preparación había comenzado el día anterior y los seres comenzaron a acudir, tal vez, demasiado rápido para mí. No había terminado de desarrollar la estrategia, había sido demasiado visceral y muy poco metódica para mi estudio. ¿Qué debía hacer?

Fue entonces cuando decidí utilizar lo que llamé Prueba táctica #1, que consistía en hacer todo o contrario a lo habitual en mí (técnica milenaria del Instablock, evidentemente): debía contestar a todos los mensajes. Sin bloqueo, sin dejarlos sin responder. Contestar sin importar qué.

Al día siguiente, llena de determinación publiqué mi siguiente trampa. En esos dos días compilé cuatro especímenes de lo más variopinto y terriblemente extraños. Utilicé mi técnica al pie de la letra con los tres primeros: uno dejó de responder al poco tiempo, otro solamente dejó de hablar cuando le dije que iba a llamar a la policía (fue lo único que lo detuvo) y el tercero acabó con mi paciencia. No pude más con tantos especímenes en un día y acabé por bloquearlo. El cuarto, por sí solo, acabó descubriéndose. Como persona de vida azarosa y completa, durante unos minutos no pudo responder a sus mensajes. Él mismo mostró su agresividad y él mismo se mereció la técnica milenaria.

Conclusiones, obvias por otro lado, de esta primera prueba: contestar siempre no sirve absolutamente de nada. No hacerlo tampoco. Las técnicas de esquiva sí son útiles.

Seguiremos informando.

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