Espécimen #14 "Yo no soy un maltratador" (Primera parte)

Regresamos un lunes más con otra publicación excepcional que ha trastocado el orden previsto de las publicaciones. Una vez más, siguiendo el compendio habitual de lo ya recopilado, mostramos aquí al espécimen #14, un ser de lo más curioso y que nos dejará sorpresas, cejas alzadas y mucha, mucha indignación, queridos lectores.

Probablemente deberíamos subtitular este caso como: "Cuando lo que más preocupa es el hecho de ser denunciado, pero no cometer un delito"

Debido a la extensión de la entrada, que estaba quedando excesivamente larga, habrá una publicación extraordinaria el jueves con la continuación.

Es una tarde de viernes muy poco tranquila en la jungla instagramera, nuestra víctima está despidiéndose del espécimen #2 después de su segundo encuentro y solamente desea descansar, pero de entre la espesura un nuevo seguidor aparece en sus notificaciones y se le presenta un nuevo mensaje. La víctima desconfía desde el principio, pues sabe que el comportamiento que está viendo no es común en las mujeres, aunque el espécimen que tenga delante lleve pelaje femenino.

La víctima ve cada vez más extraño el comportamiento del espécimen, que no se comporta de manera acorde al pelaje que muestra. Su conducta es diametralmente opuesta a la que tendría cualquier mujer y la víctima no tiene mucha paciencia después de lo sucedido, así que enseña los dientes: sabe perfectamente que está tratando con un Espécimen Disfrazado y no va a permitir que la traten como si fuera estúpida.
El espécimen en cuestión no muestra signos claros de una gran inteligencia y sigue contoneando un pelaje femenino que cada vez se ve más falso. El espécimen lleva tan poco cuidado que incluso repite la misma intervención dos veces. La víctima no va a dejar que el espécimen avance un paso más y saca las garras.
Continuando con sus extrañas torpezas, el espécimen comienza a mover la cola de un lado a otro, borrando el rastro de sus anteriores intervenciones, cosa que la víctima no piensa pasar por alto.
El espécimen, que tampoco parece tener ningún tipo de fortaleza, finalmente se desprende de su falso pelaje femenino. ¡Oh, qué sorpresa!¡Si no es nada más ni nada menos que el Espécimen #2 de nuevo! En esta su ya tercera aparición aplica sus técnicas de Espécimen Penitas desde el principio, mostrándose temeroso. Sabe que esta víctima en su territorio tiene la bonita costumbre de colgar de los árboles y exhibir los diferentes especímenes que se encuentra y no quiere ser uno de ellos.
Una vez ha descubierto su verdadera identidad, el espécimen mantiene su habitual técnica de eliminar su rastro. Sigue mostrando su cuello, cada vez de una manera más evidente, pueden percibirse humedades en sus ojos que tal vez podrían ser el preludio de unas lágrimas lastimeras.

El espécimen, en toda su... ¿inteligencia? (no estamos seguras de que podamos utilizar esta palabra siquiera de forma irónica) se tira al suelo y queda patas arriba, gimoteando como si hubiera recibido un zarpazo de la víctima, que sigue mirándolo con incredulidad mientras se retuerce por el suelo acercándose a ella, buscando morderle un tobillo. Es imposible creerse una actuación tan poco realista que finge dolor para poder atacar. Atacar con todo, de hecho. Mientras llora hace una clara proposición sexual que nadie le ha pedido. Y llora porque tiene miedo de que alguien le denuncie por ello. El equipo sospecha que no tiene muy claro el concepto de legalidad.
Este equipo sintió muchas dudas a la hora de clasificar este espécimen, pues cuanto más sabíamos de él más daba signos de formar parte de, tal vez, casi todos los grupos que se estipularon en su día para la clasificación de especímenes. Por ejemplo, en esta intervención vemos que muestra señas clarísimas de conocer los movimientos habituales de los Especímenes Sordociegos, pues finge no ver ni oír lo que está sucediendo, o tal vez, como pensamos desde el equipo, simplemente prefiere ignorarlo para continuar con su estratagema.
Desconocemos si el espécimen en cuestión ha recibido algún tipo de educación al respecto, si está utilizando técnicas de sordociego en esta imagen o si realmente cree que el acoso sexual es algo que únicamente existe en los bots, pero lo que sí sabemos es que este espécimen en cuestión prefiere ignorar absolutamente toda mención al acoso sexual. Desconocemos si la cultura machista está tan arraigada en él como parece, si posee una inteligencia menor, o si piensa que así conseguirá su objetivo (sea cual sea) pero la cuestión es que este equipo también se sorprendió enormemente con el comportamiento que muestra en esta imagen de arriba.
La víctima comienza a perder la paciencia (no sabemos cómo ha aguantado tanto, en realidad. Se nota que su afán científico ha podido más que la tentación del uso de la técnica milenaria del instablock) y el espécimen lo sabe, por lo que comienza a aullar tirado en el suelo, confesando que, al parecer, sentirse atraído físicamente por alguien y sentir miedo por ello es algo... ¿lógico?
La víctima lleva ya un rato haciendo bastante más que enseñar sus dientes o sacar las garras. De hecho, las está utilizando mientras el espécimen sigue pareciendo no darse cuenta, o ignorarlo. Simplemente sigue gimoteando lastimeramente porque "tiene miedo". Nuestros investigadores todavía no entienden muy bien su comportamiento.

La conversación no acaba aquí, pero por cuestiones de extensión, publicaremos la continuación y el final de esta entrada el jueves a la misma hora de siempre.

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