¿Qué es este sitio?
Ya no era ni la primera vez ni la segunda, que, hablando de diversas peripecias de lo que me ocurría en las redes sociales, había comentado la típica frase de "podría escribir un libro entero sobre esto", claro que, cuando una suelta este tipo de comentarios no habla en serio.
Hasta que pasa.
Llegó un día (el 12 de abril de 2018, jueves, para ser exactos) en el que sentí el deseo de subir una foto mía en sujetador. Era una especie de broma entre mi pareja y yo que quería compartir, tal vez porque me veía bien, tal vez porque me parecía graciosa, tal vez porque me apetecía y punto.
Cuando una mujer se encuentra con ese extraño deseo, el de compartir una foto, en su cabeza pasan muchísimas cosas. Primero, se pregunta si es adecuada. Es consciente de los riesgos que puede suponer y existe una curiosa regla no escrita en la que la cantidad de piel mostrada es directamente proporcional a la cantidad de acoso sexual que puedes recibir por parte de estos especímenes. Muchas se autocensuran. Otras lo llevan como buenamente pueden: los ignoran, les increpan... la mayoría acaban siguiendo el clásico método de bloquear y olvidarse. Algunas, como yo ese día, hartas de no poder hacer algo tan simple como compartir una fotografía sin más, acaban por decidir hacer lo que quieren.
Es curioso cómo se comenta por ahí que el feminismo no es necesario porque ya hemos alcanzado la igualdad, pero jamás he sabido de un hombre que se haya autocensurado o medido a la hora de colgar una fotografía de cualquier tipo en internet. De hecho, jamás he conocido a ningún hombre que por subir una foto en ropa interior o mostrando el torso haya acabado siendo acosado por personas desconocidas que le hacen proposiciones indecentes, piden citas, exigen fotos sin ropa o envían fotografías de genitales.
De hecho, así es como nace esta idea. Al igual que existen libros con una clara exposición de los diferentes especímenes de las aves en las Islas Baleares, los tipos de roca que se pueden encontrar en el Mulhacén o la variedad de plantas interesantísimas que crecen en la región de Kyoto, ¿por qué no hacer un compendio de especímenes masculinos que se pueden encontrar en las redes sociales? Evidentemente, y por cuestiones de lógica, no se van a analizar todos los especímenes y sus subespecies, entre otros motivos, porque es un compendio realizado únicamente en base a mi experiencia, aunque no descarto en un futuro incluir colaboración de otras personas.
Pero como un libro es algo difícil, costoso, solamente reservado para grandes calidades literarias y lingüísticas como los Perretevertes y los Delles, parece que la cosa se ha quedado en un blog.
Una de las cosas que más me escamó cuando comencé con esta idea fue la rabia y frustración que me provocó el hecho de no haber empezado antes. Tantas oportunidades de estudio perdidas, tantas conversaciones dignas de investigación borradas, tantos especímenes bloqueados... en resumen, tanto trabajo hecho de manera gratuita sin poder compilar. Porque sí, puede parecer extraño, pero en muchas ocasiones este tipo de conversaciones merecen de manera excelentísima la expresión "esto no está pagado" que tan habitualmente se utiliza en muchos puestos de trabajo.
Pero, más allá de las bromas que podamos hacer sobre el tema, es necesario que se explique qué es lo que hay en este sitio. Como ya te habrás imaginado, esta es una página feminista. Este compendio pseudocientífico de clasificación incierta de los diferentes especímenes masculinos que puede encontrarse uno por internet tiene un objetivo más allá del humor: la visibilización. Estas situaciones pasan a diario, aunque a muchos pueda sorprender. Ahora mismo, mientras estas palabras están corriendo por la pantalla, alguien está teniendo que soportar una conversación de este tipo. Por desgracia, no hay estudios que puedan decir si ese alguien es una persona o son doscientas cincuenta y siete, o cien mil quinientas sesenta y cinco. Ahí está la clave. Es algo que sucede constantemente, pero es invisible. Los mensajes privados quedan ocultos en las bandejas de entrada, los comentarios desaparecen diluidos en el tiempo, el acoso, finalmente, es algo muy grave que, sin embargo, todos decidimos ignorar.
Incluso nosotras, las que lo sufrimos, lo ignoramos. Es más fácil "no hacer caso", "dejarlo estar", o hablar solamente de los más graves, quedarnos en el "no es para tanto". Es lo más sencillo. Yo misma he querido hacerlo muchas veces, optar por el bloqueo automático y seguir a mi vida, ignorando la existencia de seres que seguirán, uno tras otro, cometiendo las mismas desfachateces con cualquier chica que encuentren.
Por eso, por ese feminismo "innecesario" que lucha por evitar el acoso (mayoritariamente de índole sexual) que sufrimos en las redes, por nuestro derecho a tener tanta libertad de expresión como la que tienen esos seres, por un deseo más que justificado de mostrar públicamente lo que de verdad sucede al otro lado de nuestras pantallas, aquí les ofrezco, damas y caballeros, la curiosa investigación sobre estos especímenes.
Hasta que pasa.
Llegó un día (el 12 de abril de 2018, jueves, para ser exactos) en el que sentí el deseo de subir una foto mía en sujetador. Era una especie de broma entre mi pareja y yo que quería compartir, tal vez porque me veía bien, tal vez porque me parecía graciosa, tal vez porque me apetecía y punto.
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| Os ilustro con la publicación en cuestión. Haciendo click en la imagen se puede ampliar. |
Cuando una mujer se encuentra con ese extraño deseo, el de compartir una foto, en su cabeza pasan muchísimas cosas. Primero, se pregunta si es adecuada. Es consciente de los riesgos que puede suponer y existe una curiosa regla no escrita en la que la cantidad de piel mostrada es directamente proporcional a la cantidad de acoso sexual que puedes recibir por parte de estos especímenes. Muchas se autocensuran. Otras lo llevan como buenamente pueden: los ignoran, les increpan... la mayoría acaban siguiendo el clásico método de bloquear y olvidarse. Algunas, como yo ese día, hartas de no poder hacer algo tan simple como compartir una fotografía sin más, acaban por decidir hacer lo que quieren.
Es curioso cómo se comenta por ahí que el feminismo no es necesario porque ya hemos alcanzado la igualdad, pero jamás he sabido de un hombre que se haya autocensurado o medido a la hora de colgar una fotografía de cualquier tipo en internet. De hecho, jamás he conocido a ningún hombre que por subir una foto en ropa interior o mostrando el torso haya acabado siendo acosado por personas desconocidas que le hacen proposiciones indecentes, piden citas, exigen fotos sin ropa o envían fotografías de genitales.
De hecho, así es como nace esta idea. Al igual que existen libros con una clara exposición de los diferentes especímenes de las aves en las Islas Baleares, los tipos de roca que se pueden encontrar en el Mulhacén o la variedad de plantas interesantísimas que crecen en la región de Kyoto, ¿por qué no hacer un compendio de especímenes masculinos que se pueden encontrar en las redes sociales? Evidentemente, y por cuestiones de lógica, no se van a analizar todos los especímenes y sus subespecies, entre otros motivos, porque es un compendio realizado únicamente en base a mi experiencia, aunque no descarto en un futuro incluir colaboración de otras personas.
Pero como un libro es algo difícil, costoso, solamente reservado para grandes calidades literarias y lingüísticas como los Perretevertes y los Delles, parece que la cosa se ha quedado en un blog.
Una de las cosas que más me escamó cuando comencé con esta idea fue la rabia y frustración que me provocó el hecho de no haber empezado antes. Tantas oportunidades de estudio perdidas, tantas conversaciones dignas de investigación borradas, tantos especímenes bloqueados... en resumen, tanto trabajo hecho de manera gratuita sin poder compilar. Porque sí, puede parecer extraño, pero en muchas ocasiones este tipo de conversaciones merecen de manera excelentísima la expresión "esto no está pagado" que tan habitualmente se utiliza en muchos puestos de trabajo.
Pero, más allá de las bromas que podamos hacer sobre el tema, es necesario que se explique qué es lo que hay en este sitio. Como ya te habrás imaginado, esta es una página feminista. Este compendio pseudocientífico de clasificación incierta de los diferentes especímenes masculinos que puede encontrarse uno por internet tiene un objetivo más allá del humor: la visibilización. Estas situaciones pasan a diario, aunque a muchos pueda sorprender. Ahora mismo, mientras estas palabras están corriendo por la pantalla, alguien está teniendo que soportar una conversación de este tipo. Por desgracia, no hay estudios que puedan decir si ese alguien es una persona o son doscientas cincuenta y siete, o cien mil quinientas sesenta y cinco. Ahí está la clave. Es algo que sucede constantemente, pero es invisible. Los mensajes privados quedan ocultos en las bandejas de entrada, los comentarios desaparecen diluidos en el tiempo, el acoso, finalmente, es algo muy grave que, sin embargo, todos decidimos ignorar.
Incluso nosotras, las que lo sufrimos, lo ignoramos. Es más fácil "no hacer caso", "dejarlo estar", o hablar solamente de los más graves, quedarnos en el "no es para tanto". Es lo más sencillo. Yo misma he querido hacerlo muchas veces, optar por el bloqueo automático y seguir a mi vida, ignorando la existencia de seres que seguirán, uno tras otro, cometiendo las mismas desfachateces con cualquier chica que encuentren.
Por eso, por ese feminismo "innecesario" que lucha por evitar el acoso (mayoritariamente de índole sexual) que sufrimos en las redes, por nuestro derecho a tener tanta libertad de expresión como la que tienen esos seres, por un deseo más que justificado de mostrar públicamente lo que de verdad sucede al otro lado de nuestras pantallas, aquí les ofrezco, damas y caballeros, la curiosa investigación sobre estos especímenes.



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