Espécimen #9 "Me ponen las chicas con gafas como tú"

Rescato este ejemplo por la curiosidad del espécimen, medianamente analizado en mi primer artículo sobre acoso sexual ya mencionado en el Espécimen #1
Este ser en cuestión estrenará la categoría de los Especímenes Ofendidos, de hecho, también forma parte indudablemente de los Especímenes Volteretas.

El espécimen comienza un acercamiento cauteloso gracias a las plumas de normalidad que exhibe en el pecho. Un simple saludo, un elogio sobre el trabajo de la víctima, todo comienza como una conversación normal de modo que sea imposible sospechar de sus verdaderas intenciones.
El acercamiento ha sido un éxito, por lo que el espécimen se dispone a continuar la conversación de manera casual, buscando que su víctima se relaje y se despreocupe de la situación. Cuanto más se esfuerza por parecer una persona normal, menos alerta está su víctima.
Sin que la víctima se haya podido percatar, el espécimen ha estado recolectando información de ella sin dar un solo dato sobre sí mismo, signo inequívoco de las intenciones que oculta. Se suceden las preguntas hacia la víctima, que responde despreocupada sin ser consciente de lo que sucede.
La técnica parece ser bastante efectiva.
El espécimen, entonces, viendo cercana su victoria, comete el desliz de no espaciar las preguntas. Algunas plumas de "persona normal" se desprenden sin que se dé cuenta. Muchas preguntas juntas, muchas muy personales. El espécimen confía en sus habilidades, sabe que su víctima va a responder y deja todo intento de llevar cuidado a un lado, e incluso bromea sobre su propio comportamiento.
Entonces, comienza la ofensiva directa, bueno, indirecta. El plumaje de normalidad está prácticamente desprendido al completo y el espécimen intenta cubrir su verdadera naturaleza bajo el plumaje de la broma y de la persona graciosa, pero su índice de éxito va disminuyendo poco a poco. La víctima ha comenzado a sospechar y ha vuelto a levantar la alerta. Parece que el espécimen se da cuenta de la situación, pues interrumpe la conversación inmediatamente y se retira hasta nuevo aviso.

Ha pasado un mes. El espécimen se ha recolocado el plumaje como buenamente ha podido, puede vérsele algo descolocado e impreciso, pero tras haberse enfriado la situación por la distancia de tiempo, vuelve a la carga con exactamente la misma técnica y la misma frase que la primera vez. Sin embargo, esta vez la víctima está prevenida; sí tiene recuerdos de su último desliz y, de no tenerlos, recurre a la lectura de la conversación anterior y así se lo recuerda.
El espécimen parece no darse cuenta de la alerta de su víctima, que ha comenzado a sacar las uñas de una manera no demasiado disimulada. La propia víctima alerta al espécimen: ya no va a caer tan fácilmente.

Entonces llega el momento del ataque definitivo, el que decidirá si la víctima cae en las garras del espécimen o si, por el contrario, debe retirarse derrotado por completo. Sin embargo, el espécimen no se ha dado cuenta de la alerta de la víctima, no ha sido consciente de los errores cometidos previamente y eso lo acaba conduciendo a la más humillante derrota.

(Hemos recuperado el final de la conversación
de Twitter recientemente, se puede ver que se acabó
con la técnica milenaria del Instablock)

La víctima no solamente no cae en sus redes, sino que además contraataca y deja herido al espécimen en el lugar donde más puede dolerle: en el orgullo. Este tipo de especímenes, los Especímenes Ofendidos, jamás soportan una derrota y mucho menos una herida en su orgullo. De modo que, una vez sabe que la víctima ha descubierto toda su estratagema y que además ha podido contraatacar con facilidad, con su orgullo herido y ya derrotado, suelta un último zarpazo, mostrando su claro enfado, intentando culpabilizar a la víctima de... ¿de qué? Todavía no hemos sido capaces de averiguarlo.

De este espécimen podemos sacar muchas conclusiones, pero tal vez podrían resumirse en una: Mucho cuidado con los ofendiditos de masculinidad frágil y orgullo endeble, que muerden. Pero no pasa nada, no hay que preocuparse: no tienen dientes.

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